WUFO fue concebida por la necesidad de cambiar la manera en que hoy se gobierna el fútbol mundial.
No fue creada para borrar lo que ya existe ni para comenzar la historia del fútbol desde cero. Muchas de sus instituciones, competiciones y estructuras han perdurado durante generaciones porque cumplen su función y forman parte de la identidad del juego. WUFO busca preservar lo que merece continuar y, al mismo tiempo, abrir espacio para hacer de otra manera aquello que puede volverse más representativo, transparente, accesible y justo.
Una de las convicciones que dieron origen a WUFO es que la estructura de gobierno del organismo que actualmente dirige el fútbol mundial hace extraordinariamente difícil una transformación profunda. Desde esta perspectiva, parece haberse vuelto más eficaz para proteger sus propios intereses que para permitir un cambio real. Intentar reformarla desde dentro termina generando confrontaciones, alianzas e intereses contrapuestos que, paradójicamente, refuerzan la misma estructura que se busca cambiar. WUFO parte de una idea: en vez de luchar por adueñarse de esa estructura, construir otra.
Desde su origen, WUFO también se funda en un principio sencillo: el fútbol no puede tener dueño ni ser gobernado por la voluntad de una sola persona. La organización no pertenece a su fundador, a un presidente, a una Confederación, a sus miembros ni a quienes algún día trabajen para ella. Sus cargos existen para administrar temporalmente una institución que debe poder continuar cuando cambie el personal. WUFO y el fútbol pertenecen a todos y a nadie al mismo tiempo.
WUFO no propone una única gran reforma. Su sistema se construye mediante muchas decisiones, grandes y pequeñas: cómo se representan las comunidades, quién toma las decisiones, cómo se emiten los votos, cómo se distribuye el dinero, cómo se organizan las competiciones y qué límites deben existir incluso para quienes gobiernan la propia organización.
WUFO nace sin fondos, pero en ello reside también su mayor fortaleza: dependerá de sí misma, sin deber favores ni obedecer intereses ajenos. Por eso, durante su fase embrionaria, dependerá enormemente de sus voluntarios. Un cambio de esta magnitud no puede llevarse a cabo en solitario.
